Un accidente de tráfico, una ola de solidaridad y un partido para forjar una amistad eterna. Hoy hace tres cuartos de siglo que el Deportivo y el Sevilla decidieron unirse para ayudar al Iberia, un modesto club de Santiago de Compostela asolado por la tragedia dos meses antes.
Deportivistas y sevillistas, en general, se caen bien desde hace tiempo. Hubo una época en que en Sevilla no querían tanto al Dépor, al SuperDépor exactamente, porque siempre les ganaba. El conjunto hispalense fue incapaz de vencer al Dépor en Liga desde su ascenso de 1991 hasta la temporada 2004-05. Las tornas cambiaron en los últimos años, ya que ahora es el Dépor el que acumula sinsabores frente a los andaluces, a los que han sido capaces de batir entre el curso 2009-10 y su último enfrentamiento a día de hoy, el 17 de abril de 2018.
Entre medias, Luis Cuervas, presidente sevillista, se pasa por la cena de campeones de la Copa de 1995, en el madrileño Asador Donostiarra. Aquella victoria de los blanquiazules, subcampeones de Liga, corre una plaza europea en la tabla, y concede al Sevilla, quinto, la clasificación para la Copa de la UEFA. Y en agosto de 2011, los jugadores del Sevilla saltan al césped de Riazor con una pancarta de apoyo al Dépor, recién descendido a Segunda.
Todo ese cariño mutuo tiene un origen. El Deportivo y el Sevilla se unen para ayudar al Iberia. El conjunto compostelano sufre un accidente de tráfico el 29 de enero de 1950. El autobús en que se desplaza para disputar un partido en Carballo choca contra un árbol antes de salir de Santiago, bajando por O Pombal. El depósito de combustible estalla, lo que convierte el vehículo en un infierno.
Viajan todos los jugadores del equipo, técnico y ayudantes e incluso un viajero que había perdido el autobús de línea. Son casi 30 personas en un vehículo de 16 plazas. Cinco pasajeros fallecen en el accidente. Luciano Lafuente, viajero procedente de A Estrada; el utilero Jesús Arcos, que viajaba en el techo del autobús, y Ricardo Casal ‘Sardete’, directivo del club, mueren en el acto. Más tarde perecen otros dos accidentados.
El Sevilla, presidido en su segunda etapa por el hombre que desde 1958 da nombre a su estadio, Ramón Sánchez-Pizjuán y Muñoz, es el primer club en brindar su ayuda. La iniciativa parte precisamente de su máximo mandatario. Deportivistas y nervionenses deciden a mediados de febrero organizar, con la colaboración de la Federación Gallega de Fútbol, un amistoso a beneficio del Iberia y las familias de las víctimas. El gesto humanitario de ambos clubes se plasma el 26 de marzo de 1950, con Riazor como escenario.
La temporada anterior, el Sevilla finaliza en la octava plaza de Primera. El Dépor es décimo, esquivando el descenso por un solo punto. En el momento del amistoso, los blanquiazules están en disposición de conquistar la Liga. Con dos jornadas por delante, el Deportivo es segundo a un punto del Atlético. El Sevilla ocupa la décima plaza, a ocho puntos del líder. Con nueve sobre el descenso, tiene la permanencia asegurada.
Los precios de las entradas van desde las 25 pesetas de la Tribuna hasta las dos de Especial Niños. Riazor, que recibe al Sevilla con una atronadora ovación, registra una regular entrada según las crónicas.
En los prolegómenos del encuentro se presenta la Escuela de Fútbol Scopelli, en lo que puede considerarse el primer partido entre equipos de categoría juvenil del RC Deportivo. Alejandro Scopelli es el técnico argentino del Deportivo. Además de dirigir al primer equipo blanquiazul es pionero por estos lares en el fútbol formativo.
El Deportivo forma con Pita; García, Ponte (Cheché Martín), Pedrito; Carlos, Guimeráns; Rafael Franco, Juanete (Moll), Ponce, Dieste y Cándido (Marquínez). Por parte del Sevilla, bajo la dirección de Campanal I, juegan Manolín; Clemente, Eguiluz, Guillamón; Alconero, Ramoní; Pineda, Arza, Arregui (Enrique), Herrera y Erasmo. El extremo izquierdo del Deportivo actúa Cándido, futbolista canario que pertenece a la disciplina del CD Juvenil. En las filas andaluzas son baja el portero Busto y el futuro deportivista Campanal II, y forma Arza, futuro entrenador blanquiazul. Arbitra el coruñés Manuel Fernández Grien, auxiliado por José Tellado e Indalecio Garrido. El Deportivo se impone por 3-0 al Sevilla. Marcan Ponce por partida doble (m.2 y 72) y Marquínez (m.77).
Además de la taquilla, que ronda las 80.000 pesetas, el Deportivo dona 5.000 más al Iberia. Guimeráns y Alconero levantan al unísono el trofeo en juego, que queda en propiedad del Deportivo. El Iberia responde al acto altruista con sendos pergaminos enmarcados. Ambas piezas son expuestas en la muestra del 75 aniversario de Riazor organizada en 2020. Después de la tragedia, el Iberia jamás vuelve a jugar. Pero su memoria sigue viva gracias al Sevilla y al Deportivo.